Reformular la vida en tu barrio

“Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.” Jorge Teiller.

 

La vida en muchos barrios está marcada. Las cartas muestran desde el primer llanto a una matrona con muchos años de dureza entre sus manos. Un tarot marginado, anclado en unos intereses a pagar, con apenas segundos de vida, en la hipoteca que te ha tocado vivir.

Hay quien se resiste a sentirse bloqueado en ese destino, hay quien lucha para salir a ras del agua y respira antes de que la ola ahogue su temeridad. Cuesta el doble, el triple, roza lo ingrato de tener que soltar amarras en la familia para poder surfear libremente. En ese preciso momento se rompe la cadena. Ahora tocar mirar muchas más veces por el espejo retrovisor y decidir tu propia aventura.

MOTIVA funciona y funciona porque se genera una creencia en las personas que antes vagaban en un mar de dudas. Material humano para sueños mundanos. Muchos no llegan, otros lo vuelven a intentar, otros se topan con la realidad de lleno, zas en la boca, pero nadie dijo que fuera fácil. Chicos y chicas con un corazón inmenso pero con una coraza encastrada, algunos, algunas la rompen, y el corazón late en todas las direcciones, sístole con estudios y diástole con curro diario. Hincar codos y fichar antes de entrar.

De esta manera la vida en los barrios ya no es una partida de póker, siguen los trileros, los que hacen trampas, los que apuestan desde la ignorancia pero también hay gente que deja de jugar con sus vidas para tirar adelante.

Marta, todo fuerza y corazón, estruja las horas del día para echar una mano a la familia y para estudiar, sacarse los estudios necesarios, para como dijo el primer día que la conocimos, ser algo más que una ama de casa, aspirar a un poquito más en la vida. El tiempo lo dirá, nosotros apostamos ciegamente por ella, la ayuda fuera del programa MOTIVA por parte del equipo profesional supone un caso de éxito a medio plazo. Sigue dibujando su futuro.

Ismael sudaba cada vez que entraba en el programa, un pequeño bicho encerrado, que supo escuchar a Sara, su pareja, para crecer. Lo conocimos antes de ser papá y antes de tener un sueldo estable. Ahora ambas cosas van de la mano, en la recepción de la residencia universitaria de la Fundación CB y cambiando pañales, también ha roto la cadena, ha dejado de estar marcado por la vida de un barrio. Aún toca aprender mucho más, sortear los palos de la vida y sonreír al ver a los hijos gatear y decir las primeras palabras. Ahora el destino lo eligen ellos.

 

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