Nombres y apellidos para un comedor social

Un pequeño, Niño 1, entra vacilón con voz ronca y aires de rapero, intentar vendernos un pendiente de plástico duro a 20 euros. Declinamos la oferta.

Una pequeña, Niña 1, entra tímida, oscilante entre las mesas, no sabe dónde sentarse. Monitor 1, le aconseja, la conoce y decide por ella. Acomodada en su trono le sirven agua, bebe escondiendo boca, nariz y ojos entre el vaso. Le cuelgan los pies un palmo del suelo.

Monitor 2 grita para que no griten los niños. Así no se puede comer. Silencio please. Niños 25, 28 y niña 12 están castigados. No irán a la piscina mañana. Buen comportamiento por favor.

Niño 2 se ríe de la pintura de la cara de Niña 2 mientras Niña 3 riñe con Niño 3 por conflictos atrasados en su visita al parque. Sólo los patos saben de qué se trata. Un ajuste de cuentas de pequeñas proporciones.

Niño 1 baja sus pretensiones. 10 euros. Nos recuerda que el pendiente es bueno. Lo ha intentado antes con la jefa de cocina. La cuchara sopera le ha persuadido.

Niña 33 pregunta cuánto medimos, cuándo sale el reportaje en la tele y si comemos con ellos. Tres preguntas como tres balazos, tres respuesta far west para un comedor del oeste extremeño.

Niño 28, unos de los castigados, es musulmán, no come carne de cerdo, tiene otro menú elaborado. Niña 13 mira la foto que le acaban de hacer. Sonríe, tres años y tres sonrisas para el encuadre. Ha crecido desde entonces, el menú en verano se sigue poniendo y la cuchara parece reír con ella.

Niño 1 no descansa en su empeño. Venga 5 euros y nipatinipamí. Hace el ademán de ponérmelo en la oreja. No nos convence la oferta.

Monitores, 4, 5, 6 y 7 van colocando las jarras de agua, las bandejas y el pan. Patatas con carne. El guiso olía desde primera hora, una olla enorme para dar de comer a más de 60 pequeños. A la Niña 1 se le iluminan los ojos al ver el plato. Le siguen colgando las piernas de la silla. Algún día tocarán suelo.

Un día de calor, de esos de flama en la región, un par de ventiladores en el comedor y una foto que cuelga por encima de la pizarra.

Niño 7 y Niña 10 comen pensativos, con la mirada perdida, con los rostros macerados por el sol, una franja rojiza que cruza los pómulos y nariz, comparten pan y futuro.

Cámara 1 y Redactor 1 se marchan. Última oferta, a la desesperada, ¡1 euro! Quiero que te lo lleves dice. Un euro, un pescozón y le regalamos el pendiente a Niña 33. Niño 1 será un gran vendedor.

Otro año, otro verano de comedor en un barrio de una ciudad. Fundación CB y empresas de la zona colaborando para que algún día estos niños tengan nombre y apellidos.

Compartir en...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *