Los ingredientes esenciales de un comedor solidario

Cuesta creerlo, pero hay personas, que tras el anonimato del hambre, esconden tímidos la dureza de mantener a flote una familia cada mes. En tu barrio, en tu calle y tu entorno puede que haya gente que lo está pasando muy mal y que ni siquiera puede acceder a algo tan básico como un plato caliente de comida al día.

El último informe de Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Unión Europea detalla que cerca de 124 millones de habitantes de 51 países sufren escasez aguda de alimentos. Hace referencia a 51 países. Pero dentro de cada distrito de los países más ricos, o menos pobres, la situación también se agudiza de manera alarmante. Aquí es donde entra la tan importante figura del comedor social.

En estos espacios, como el comedor solidario del Gurugú, no sólo se pone un plato de comida delante de los niños durante el verano, entre los ingredientes de esta acción voluntaria, también se le añaden valores educacionales y actividades para vincular buenos hábitos y salud alimenticia. Lo que hay detrás de un comedor social

Otro año más, uno sin Ramón, ese como definíamos hace un año, el  hombre que no paraba de hablar, que conocía al todo el mundo, que sabía dónde estaban todos, el lugarteniente del centro social del Gurugú, la oficina de información ambulante. Sus compinches, las jefas de cocina, Celia y María José lo recuerdan con un puñado de suspiros y una pizca de emoción en cada guiso que cocinan. Es hora de mirar adelante, y el comedor solidario sigue su curso, con un grupo humano detrás y con entidades como la Fundación CB flanqueando las necesidades básicas de un barrio que quiere crecer.

Un año con chicos de la ciudad, muchos repiten, muchos tienen este espacio como un lugar para tener una alimentación sana y equilibrada, y no perderse por los raíles oxidados que delimitan el barrio con el resto de la ciudad.

Sigue pareciendo extraño ver como cada año se vuelve a llenar el comedor, como niños y niñas de la zona repiten con 365 días más en sus vidas. La crisis, en estos barrios dura más de los que nos empeñamos los medios de comunicación en clausurar. En las calles de las zonas marginales todo cuesta el doble, las raíces de la escasez se agarran con fuerza y el esfuerzo para levantarse supera con creces la realidad de datos y estadísticas. Detrás de este comedor solidario hay mucha gente anónima, voluntarios, gente joven con ganas de aportar, cocineras y monitores que capitalizan el ocio, la educación y la diversión para distribuirlos a ratos equidistantes. Empresas colaboradoras que donan comida y bebidas. Rostros inquietos e ingenuos se solapan con las manos que sujetan las cucharas y los trozos de pan. Servir con una media sonrisa tiene más alimento.

 

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