Éxodo educativo

Juan toma notas. Una carpeta suspendida en las piernas cruzadas hace de atril. El sol hace el resto. Los ventanales del salón de actos son un coladero de luz e inmortalizan los rostros de los asistentes. Fogonazos de rayos ocres, dulcificados por los visillos que parapetan el edificio. Sereno, pausado, elegante, Juan apunta, conversa, comenta y escucha. Su sombra se refleja sobre el mural que atreza el escenario. Badajoz desde la otra orilla del río, desde la margen que arbitra las fronteras de la entrañas de una ciudad. Un buen decorado para comenzar a rodar. Gloria pasa lista. Los asistentes se presentan y algunos críos juegan entre las butacas.

Un día señalado de un mes cualquiera en el Instituto San José. O quizás no. Lo que sí es seguro que se trata de una reunión de la Comisión Comunitaria de Salud de El Progreso. Una cooperativa de voluntades honestas al servicio del barrio en un espacio que vive un futuro incierto.

El IES San José supone parte de la ribera de la avenida Padre Tacoronte, afluente principal que traza aventuras vecinales de norte a sur. El centro de enseñanza apoya sus muros en una hilera de railes que circundan las instalaciones. El instituto se deja caer en una bolsa de traviesas que resquebraja los barrios que apuntan hacia la Portugal contrabandista de hace años.

Los barrios de esta zona experimentan un fenómeno de desplazamiento social, una trashumancia educativa que está dejando huérfanos los centros educativos. Nos lo dice Juan, el anterior director del Instituto. Sigue tomando notas. Juan Fernández y la actual directora María José Pascual nos enseñan las instalaciones. Notamos nostalgia jubilar en Juan y cierto pesimismo con destellos de lucha en María José. Nada. Muy pocos alumnos en ESO, casi simbólico, al menos la enseñanza que van a recibir será personalizada y de calidad, nos comenta mientras paseamos por los edificios que componen el centro.

El Instituto San José tiene un aire a estudios de cine clásico, un Cinecittá donde cada año se ruedan producciones con trama de formación profesional. De aquí saldrán las protas de nuevos guiones laborales y los actores necesarios para cubrir puesto de empleo tutelado bajo una dosis de calidad didáctica. Aquí no hay problema, añade la directora, en estos ciclos formativos y FP las plazas se cubren cada curso.

Miramos a Juan, conoce cada esquina de las naves que fortifican el centro, abre la puerta de una sala de Soldadura y Calderería y nos describe el espacio casi sin mirar. María José saluda a los profesores. El San José se está convirtiendo en la UCI de la ciudad en cuanto a la ESO, teniendo un abanico tremendo en unas instalaciones que son como pequeñas industrias. En este instituto se imparte ESO, Bachillerato, FP básica y 15 ciclos formativos de grado medio y superior.

El problema radical del alumnado desmotivado es la apatía que ya nace en el colegio. La educación subyace de las familias que rodean a estos chicos y el absentismo no se puede frenar sólo desde los centros educativos. Es necesario que todos remen en la misma dirección.

María José también comenta los resquicios que tiene el sistema educativo donde permiten que el alumnado pase cursos cargando muchas asignaturas sin aprobar de cursos anteriores. La motivación puede suponer unos de los principales escollos para pasar del colegio al instituto, donde antes existía una protección, un objetivo, ahora es un hándicap, un vacío.

Seguimos paseando y entramos en Diseño, Peluquería y Cosmética, pasamos por amplios pasillos y desembocamos en Carpintería y Automoción. En algunas dan clases, en otras, los alumnos intentan resolver los ejercicios entre ellos. Un coche recién pintado luce orgulloso en el taller, uno de los chicos mira contento. En estos pequeños espacios el futuro es presente. Tocan a la primera los elementos necesarios, las mismas herramientas que se encontraran en los futuros trabajos. Juan sigue melancólico. Son muchos años, buenos años, matiza.

¿La solución? , preguntamos a la directora. No lo conocemos, solo sabemos que la Administración no puede estar cambiando constantemente, masificar algunos centros creando nuevas líneas y dejando vacíos otros.

22.000 metros cuadrados, un pequeño pueblo de estudiantes, platós de cine para seguir formando trabajadores. De aquí salen preparados, hacen prácticas en empresas y es poco probable que no se coloquen al momento. De aquí no podemos tener quejas, nos relata Juan Fernández con una buena sonrisa.

 

El escritor y científico inglés Roger Lewin dice que a menudo damos a los niños respuestas que recordar en lugar de problemas a resolver. Y condenados a memorizar, centros como el IES San José pide a gritos estudiantes con iniciativa, chicas y chicos con ganas de motivar su vida y orientar su futuro. ¿Se imaginan un barrio sin niños que estudien? ¿Se imaginan un barrio sin sueños a realizar? Esperemos que no sea un problema a resolver y que sean los niños los que nos den respuestas.  

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