El silencio de las aulas

Los datos son demoledores. Extremadura continúa perdiendo población en 2018. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de estadística (INE). 7.808 nacimientos y 11.433 defunciones, lo que da como resultado un saldo vegetativo negativo de 3.625. En encuesta sobre Movimiento Natural de la Población refleja que el desplome demográfico se convierte en una verdadera amenaza a la que tal vez, no estamos sabiendo buscar soluciones para el futuro.

Los colegios son los mejores confidentes para palmar esta realidad. Existe casi el doble de plazas escolares que niños de 3 años. Hablamos de Extremadura. En las zonas rurales el caso es más acuciante, en las localidades con mayor número de habitantes como Badajoz, este desplome se percibe de manera mucho más nítida en los barrios marginales. El descenso progresivo de la natalidad que arrastra la región desde hace años está dejando las aulas de Infantil más vacías cada curso. Para el próximo, la Consejería de Educación ha ofertado 15.794 plazas escolares de Primero de Infantil aunque se espera una demanda de 8.871 nuevos alumnos de tres años. Esto significa que en el próximo curso quedarán 6.923 plazas escolares vacantes solo en el primer año de Infantil.

Los tres colegios de Gurugú y Progreso; Santa Engracia, Fátima y Asunción ocuparon 36 plazas de primero de infantil de las 75 ofertadas en el curso 2018-20. En el 2019-20 se han solicitado 27 de las 75 ofertadas. Sobran plazas, faltan niños, las aulas se quedan sin ruido.

El colegio Santa Engracia es un bastión, una especie de aldea gala en medio de un imperio romano. Son pocos, muy pocos, pero estoicos, luchan para sacar a adelante a los chicos y chicas del barrio. Ubicado en el alto del barrio, entre Los Colorines, Cuestas de Orinaza y Gurugú, el colegio asume su lucha; cada vez más absentismo y cada vez más madres y padres que deciden desplazarse a otros colegios de otra zona de la ciudad. La implicación de los educadores es la máxima, la integración con el alumnado se basa en el conocimiento de la realidad del barrio, una realidad dura donde los valores culturales no están en el escalón más alto de la pirámide, a veces, ni aparece en ese gráfico axiológico.

Pablo Sánchez es el director del colegio. Tímido en el trato pero seguro de sus convicciones educativas se declara amante del baloncesto y nos hace de entrenador. Nos muestra el equipo, las jugadas que realizan durante toda la temporada en el colegio, lo importante que son los ánimos del resto del equipo que están en el banquillo y la fuerza que hay que extraer en las prórrogas para ganar el partido educativo. Jesús Hernández, parte del equipo directivo hace el mejor scouting posible, conectando alumnos, familia y profesores para mantenerse un año más en la liga. Desde hace tiempo que trabajan con proyectos de integración social a través del Arte dentro del Proyecto Europeo de Educación MUS-E, creado por la Fundación Yehudi Menuhin, median para hacer de un espacio yermo, un campo de futuras flores a las que buscarle el hueco que la sociedad necesita.

A veces es duro, la realidad es muy diferente a la que estamos acostumbrados a ver en otros colegios de otros barrios, comenta Pablo. En ocasiones el reto es hacer que los alumnos tengan hábitos alimenticios o que mantengan una rutina horaria, matiza.

Para Jesús, la base está en creer en los chavales, hay que enfocar su educación conociendo primero sus necesidades, sus día a día, buscarlos por las calles si hace falta para que vuelvan a las clases.  

Ellos nos abren las puertas, nos muestra un día en esta escuela. Orgulloso de su formidable equipo su objetivo se centra en combatir la soledad de algunos pasillos y el olvido de la sociedad. El aula que no espanta como dicen ellos. Superhéroes y superheroínas dispuestos a aprender para combatir un futuro incierto…Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo que decía Benjamin Franklin.

 

Seguimos en los barrios del norte de las vías del tren de la ciudad. Bajamos y subimos, cuestas que desembocan en el laberinto que componen las ochocientas casas y en medio del callejero nos topamos con el Colegio Nuestra Señora de Fátima, un centro diferente en medio de una zona para sobrevivir, una comunidad de aprendizaje. No recibe Quinti Méndez, su directora. Otro baluarte educativo.

La comunidad de aprendizaje es un proyecto educativo que tiene más de treinta años y funciona por toda Europa y Estados Unidos. Bajo los siete principios del Aprendizaje dialógico basamos toda nuestra educación, darle sentido a esa educación tratando de transformar el entorno a través de la escuela. Diálogo igualitario, Inteligencia cultural, Transformación, Dimensión instrumental, Creación de sentido, Solidaridad e Igualdad de diferencias.

En el colegio se respira un ambiente de tranquilidad, las paredes lucen muchos colores, muchos paneles, muchas frases motivadoras e inspiradoras. Para Quinti, la convivencia entre padres, madres, alumnos y profesores es esencial. Aquí vienen padres y madres para formar parte de las actividades que se llevan a cabo en este colegio. La primera impronta al pasar la puerta es importante y este centro acoge desde que se pasa el dintel de entrada. Pero algo provoca que cada año se soliciten menos plazas, a pesar de tener institutos como San Atón que siguen nuestras líneas de trabajo. Necesitamos personas, profesores que conozcan el barrio y se sumen e integren en este proyecto, de otra manera es muy difícil que sigamos creciendo. Quizá la falta de niños, la falta de mi conciencia educativa o simplemente un entorno algo mejor.

 

Seguimos nuestro recorrido y desembocamos en la arteria principal de la zona norte de las vías del tren, que acoge al colegio que da nombre la avenida y al propio centro. Padre Tacoronte se empeñó en educar desde la base, en gestar la riqueza cultura desde la base, crecer desde la educación. Nuestra Señora de la Asunción hereda con mucha dignidad y sacrificio el trabajo realizado por el oblato canario.

Alejandro Megías su director nos recibe entre pequeños jugando en el patio y alumnos que han ido a consultarle algo. Alejandro es directo en su mensaje, maneja y conoce la realidad del barrio, amamantado en pleno barrio obrero palpa a los alumnos desde las entrañas del entorno familiar. El eslabón perfecto para sacar adelante las hornadas infantiles y juveniles de la zona. Un cúmulo de circunstancias, en primer lugar la familia, el pilar fundamental de la educación. Muchas veces si se enfrentan a situaciones con familias que están desestructuradas, el desarrollo del alumno no será positivo, y en este barrio por desgracia, hay situaciones que no son deseables para las familias que influyen de manera exponencial.

Rozamos con los dedos las clases, las aulas, pintamos con tiza en las pizarras y jugamos con un balón desinflado en el patio, nos cercioramos de la enorme labor de todo el equipo educativo, nos sentamos en los pasillos de los colegios y en las plazas de los barrios que aprisionan las escuelas. Algo media entre ellos. Los datos vaticinan silencio en las lecciones, palabras mudas para niños con los oídos taponados, la realidad muestra un desarraigo del conocimiento, miedo al entorno, miedo al futuro en un presente que da pánico. Pero mientras haya alumnos y alumnas que abran sus libros y pinten con colores sus cuadernos y profesores que se emocionen dando clases, aunque sea a un único alumno, las puertas de la educación, los colegios de donde partirán las ilusiones de tantos críos, se abrirán cada mañana sin nada y nadie que lo impida. El silencio en las aulas tendrá que esperar.

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