El otro Mundial de Fútbol

Estamos en pleno Mundial de Futbol. Campos verdes, hierba bien cepilladita, drenada para dejarse agujerear por los tacos de los jugadores. Botas diseñadas por artistas, con los colores de sus selecciones, con frases motivadoras, con dibujos de sus hijos, con cordones anti stress al golpeo, con sistema anticallos, botas de a 200 dólares el par. El balón salta de estrella a estrella por la estepa rusa esperando rozar las mallas de la portería, o al menos traspasar las líneas que defienden los  porteros bajo los palos. ¡Atención!…hay moviola, el agarrón es penalti…suspense en el estadio…VAR sentencia: el jugador albiceleste de 12770,974,115 de yenes al año saca a relucir sus dotes teatrales ante el jugador de la camiseta arlequinada de 8 millones de euros. No hubo penalti.

Lo atractivo de este festejo futbolero es ver a un equipo de 350.000 habitantes batirse el cobre ante otra escuadra que defiende los colores de 144 millones de paisanos. Pero no todos han llegado al Mundial de manera fácil, para muchos no ha sido un camino de rosas, no todos cobran como para comprar la deuda de su propio país.

Existen jugadores que han tenido que dormir en la calle un año entero para jugar, asistir al asesinato de una madre a manos de un padre, sufrir deportaciones a su país cuando intentaban hacer una prueba con un equipo, pintar los vados de las calles durante un Mundial en su país para llevar dinero a casa ante el abandono de un padre, aguantar bombas durante años y salir ileso con el balón driblando balas, trabajar hasta los 20 años de revisor en un autobús, superar problemas con el alcohol y con enfermedades de todo tipo. Esos jugadores también están en este Mundial.

Pero existe otro torneo, aún más potente que el Mundial, la Copa de Todos los Días. Torneo duro, largo, exigente, ingrato y mezquino. En este jugamos todos. No se salva nadie, todos llegamos a la final, el VAR no existe y lo importante de este torneo no es ser pichichi, lo legítimo es intentar disfrutar al máximo de sus partidos diarios. Convertir el campeonato en algo, liviano, alegre, divertido y apetecible. Tampoco existe el penalti.

En este roster juega Zeus. Otro chico de barrio. Otro chico que tiene partido cada día en esa Copa que todos jugamos. De Zeus conocemos sus dotes con el balón de fútbol. Ocupa bien los espacios y tiene la capacidad de sacrificarse en defensa a pesar de saber distribuir en ataque. De este chico criado en la zona norte de las vías del tren hacía la frontera con Portugal sabemos que vive igual que juega, comparte y lucha por toda su familia, por toda la plantilla. Jugador del Badajoz Promesas,  él lo tiene claro; quiero divertirme jugando al fútbol, quiero competir y sobre todo quiero que el deporte me aporte valores. Él los lleva de serie, valores que aún se han reforzado más con el curso de MOTIVA. Allí juega una parte del partido, la primera, y en el campo de entrenamiento la segunda, desde los vestuarios, tras la ducha, organiza el resto de la competición; familia y trabajo.

 

El programa de inserción educativa y profesional le ha dado una segunda oportunidad, y Estefanía lo tiene claro, chicos como él deben tener estar ayudas, las estructuras familiares, educativas, sociales y económicas son más complejas para ciertos sectores de la ciudadanía y deben fomentar este tipo de refuerzos.

De familia numerosa, Zeus ha conformado su vida bajo el paraguas de los que le rodean, estableciendo un criterio laboral. Es importante sacarme el graduado, me abrirá las puertas, de momento las prácticas en la Residencia Universitaria (RUCAB) de la Fundación CB me da esperanzas para seguir luchando. Sus orígenes tienen una localización en el mapa de su barrio, el equipo de la Asunción, o las ruinas que quedan de ese equipo. Bajamos la calle San Marcial y tomamos la enorme cuesta de la calle Pintor Goya, allí enderezamos el camino entre las piedras del camino de Santa Engracia y la ilusión óptica de un circo romano en ruinas a vista de pájaro. Allí donde cristales y barro delimitan la antigua cancha de fútbol, Zeus pegó sus primeras patadas a un cuero. Seguimos en el otro Mundial. Nostálgico nos comenta que aquí entrenaban y jugaban muchísimos niños del barrio, la mejor manera de olvidarnos de muchos malos rollos.

Recorremos su pasado entre trozos de mala hierba sujeta a tierra árida y entramos en las casetas de vestuarios reconvertidas en estercoleros antaño ducha fría. Abandonamos su pasado y recordamos su liga, la de fútbol. Terminaron hace un mes, hubo cambios, como todos los equipos, entrenamientos en un lado y otro de la ciudad, partidos por toda la región. Zeus sonríe, se quita el barro y elegante en el campo nos saluda educado fuera de él. Otra pequeña historia de ese Mundial que el azar de la vida pone a chicas y chicos humildes en otra dimensión. Sacar los tres puntos para seguir arriba cada jornada. Ya vendrán los trofeos.

 

 

Compartir en...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *