El cine y el eco de la pantalla

Cuando el cine de verano se convierte en una emoción, en una espera ilusionante de fotogramas, cuando el cartel de la película supone una parada en el universo surrealista creado desde pequeño, cuando las colas para comprar una entrada para ver cine al aire libre suponen un acto social, de entretenimiento, de cultura popular, cuando el proyector arranca y arrancan los sueños entre olores a bocadillos, a suelo efervescente, a perfume de historias del asiento de atrás y a eco de la pantalla.

El Cine de verano es uno de los programas de cine al aire libre itinerante más antiguo del territorio nacional, que comenzó en el año 1997, como un programa de difusión del cine clásico (con películas de cine mudo, en blanco y negro, proyectadas en 35 mm), y se afianzó en el año 1998 a petición de las propias Universidades Populares de Extremadura. Es un programa que pretende el acercamiento y disfrute del cine de actualidad, en pantalla grande y al aire libre, en las zonas rurales, y que contribuye a la afición cinematográfica de la población, así como a la creación del ambiente de encuentro y participación ciudadana que tiene este tipo de actividad cultural y de ocio.

¿Por qué no llevar el cine a un barrio de una ciudad? La respuesta es sencilla. Comercialmente no se puede competir con localidades que posean cines. Es aquí donde las instituciones dan el paso y la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX) en colaboración con los Ayuntamientos de las localidades participantes, la Junta de Extremadura y la Fundación Caja Badajoz-Ibercaja Obra Social encuentran la solución. Dotar a los barrios de la zona norte de las vías del tren un carácter social y participativo.

Un espacio, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Un proyector y una pared pintada. El público en su mayoría infantil y un eco en muchos fotogramas. El cine en estado puro.

 

El corralón de la Iglesia listo para acoger a los amantes del cine. Recuerdos de años atrás, aquellos años donde el cine lleno de historias las tardes calurosas de la ciudad.

Había que recuperar las costumbre de antaño… cada uno acuestas con su silla desde casa…y muchas ganas de divertirse…aunque sea por un rato.

 

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