Detrás, delante, debajo y encima de Julio

Detrás de Julio había una escombrera. Detrás de Julio hay años de fe ciega. Detrás de Julio hay ayuno de barrio. Todo al mismo número, una apuesta ciega.

Debajo de Julio hay una escombrera. Debajo de Julio hay un campo de fútbol. Debajo de Julio hay coches desguazados, quemados, mutilados, un capó blanco asoma tímido y la vieja radio de la furgoneta dicen que aún tiene batería para la cinta de casete. Debajo de Julio hay una capa de abandono, otra capa de tierra y una última capa, fina y esperanzadora, aún de barbecho del futuro. Una lasaña de campo y barrio. Corren conejos, en otra época su hábitat natural.

Encima de Julio hay un cielo. Con nubes, grandes nubes. Pero hay espacio entre ellas, sale el sol. El cardo saca el cuello ansioso, las raíces se escabullen entre los pedazos desintegrados del vertedero.

Delante de Julio hay un barrio que sabe de su hazaña, un tipo del barrio anónimo para el resto. Desconocen el valor de su batalla, a largo plazo, una guerra sin perdedores.

Ese es Julio, sus puntos cardinales. Un tipo capaz de poner flores y animales sobre cobre abrasado, una persona que ha trazado un camino incinerado y lo ha abierto como un corredor de naturaleza. Un chico con el propósito de hacer que el balón vuelva a correr sin caer en el pozo del olvido.

Compartir en...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *