Centro Social Gurugú. El epicentro que alimenta al barrio

Desde bien temprano el estómago está apagado o fuera de cobertura. Una llamada inútil. O quizá no. Un mensaje al buzón de voz donde queda constancia de un eco en la barriga.

España. 2017. Un barrio. Un comedor social. Suena raro. Pero el teléfono sigue sonando. Un café, leche con cacao, media tostada y los viernes churros. Los empleados del supermercado con una espuerta repleta de comida caducada. Al contenedor.

Aquí no se tira nada. Los platos vuelven impolutos a la cocina. Miramos de cerca y nos encontramos con 60 niños. De lejos, vemos muchos años de trabajo para mantener la vida del comedor social.

Hacemos zoom en el google maps. Barriada del Gurugú. Calle San Marcial. Centro Social.

Desde el verano el centro social del barrio no para de complementar la alimentación de aquellos que no tienen, por diferentes motivos, la capacidad de hacer la cesta de la compra. Continúan los problemas estructurales del barrio. La crisis se instaló hace mucho tiempo y cada paso para progresar supone un doble esfuerzo. En ese esfuerzo están los voluntarios que mantienen los pilares de una de las acciones con mayor arraigo; el comedor solidario.

Ramón no para de hablar, conoce al todo el mundo, sabe dónde están todos, el lugarteniente del centro social del Gurugú, una oficina de información ambulante. Ramón mantiene a punto las aulas. Capa de pintura, arreglos de luces y muchas ganas de ayudar. Lleva años, muchos años dando lo que tiene para que no falte de nada. Desde los inicios en el comedor y de los últimos en cerrar la puerta por las noches. Todo listo para que las cocineras hagan su trabajo

Una pequeña cocina aneja al aula-comedor equipada con todo lo necesario luce reluciente. Reciben la enhorabuena de los inspectores de sanidad por la limpieza y el orden. Celia y María José, las cocineras del centro, muestran orgullosa su pequeño reino. De una olla gigante salen los aromas de un magnifico arroz con pollo.

Celia. Empezamos con 35 niños y este año rozan los 60. Hay lista de espera. Estos niños son especiales, no porque sean diferentes al resto de los chavales de la ciudad, son especiales porque muestran mucha humildad cuando le ponemos un plato delante para comer.

María José. Se encuentran muy apoyados, muy protegidos por nosotros…

En el comedor de verano que dura dos meses no solo se da de comer, existe algo más. Las cocineras nos cuentan que su menú contiene risas y abrazos, un elemento básico, comenta Celia, para que los muchachos no vean esta ayuda como algo negativo. Destacan la bondad de los chavales y como algunos aprenden a manejar una cuchara en el comedor

Celia. Aprenden a comer platos de cuchara…en sus casas no pueden hacer estos guisos por diferentes causas.

 

La ayuda de la Fundación CB en este proyecto se complementa con las donaciones de alimentos. Pan, carne, helados y agua. Entre todos componen el menú del comedor. Ambas ríen, comparten confidencias y desean que cada año vengan menos niños aunque eso les cueste su propio trabajo.

María José. Hacemos la comida con mucho cariño

La labor de Ricardo Cabezas es enorme. El alma mater del barrio está formando a los futuros voluntarios. El futuro equipo que mantendrá el progreso que se lleva realizando desde hace años. Madres que le solicitan una ayuda, padres desesperados que necesitan calmar sus nervios con la charla esperanzadora de Ricardo. El comedor social, uno de sus logros. Que algún día desaparezca por la mejora del barrio, su sueño.

Celia. El día que se vaya Ricardo se notará…pero tiene gente alrededor muy válida que seguirá haciendo las cosas igual de bien.

Los niños irrumpen en el comedor, risas, voces y orden dentro del desorden que pueden ocasionar 60 niños que vienen de hacer talleres con los monitores. Celia y María Jesús sonríen y ponen ese orden. La comida sale de la cocina elaborada con mucho esfuerzo y mimo. Es hora de comer.

La barriada del Gurugú de Badajoz no para en su empeño de ofrecer una dieta alimenticia al barrio. Durante el curso escolar las meriendas y los desayunos se vuelven a activar para medio centenar de niños de familias en riesgo de exclusión social.

El presidente de la Asociación de Vecinos del Gurugú, Ricardo Cabezas, nos recuerda el objetivo principal de esta acción; Ofrecer durante todo el año algo que llevarse a la boca a los chavales de familias con dificultades económicas y frenar a su vez el absentismo escolar.

No parar, esa es la clave, o al menos eso se transmite. Los monitores, los voluntarios que mantienen con vida las actividades de un barrio tan cercano y a la vez tan lejano. Unas vías de tren y una barriada con ganas de crecer. Nos quedamos con esto último. Crecer para ser fuertes desde las entrañas del propio barrio.

Víctor Martínez uno de esos monitores y educadores empeñados en ver crecer el barrio nos dice que no es normal que vengan tantos niños a comer. Nos habla de los estragos de la crisis en las familias ya de por sí afectadas, de familias que viven de la pensión de sus abuelos. Víctor también nos cuenta que este barrio crecerá y se hará fuerte. Ciudadanos resilientes.

 

Escucha el podcast:

Compartir en...
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *