Acompañando a la soledad

Existen personas, aquí, muy cerquita, en nuestra ciudad, en nuestro pueblo, nuestros vecinos, la mujer que vive en frente y que da de comer a las palomas desde su ventana, la abuela que vigila el olor de sus geranios, el padre, nuestra madre, de la que sólo conocemos su voz, sus rasgos imaginarios, sus arrugas vía llamada telefónica, que viven absolutamente solos. Hablan, comen, caminan, ven la tele, escuchan la radio, se acuestan, ríen, lloran y viven solos.

En el Reino Unido han entendido que se trata de un problema de salud pública que incide en la mortalidad de los británicos. Según un informe encargado por La Comisión Jo Cox sobre la Soledad, que lleva el nombre de la política laborista asesinada en 2016 por un neonazi, más de nueve millones de anglosajones, casi un 14% se sienten solos. Por eso la presidenta, Theresa May, ha decidido crear un ministerio para atajar la soledad…el Ministerio de la Soledad.

En España ese Ministerio no se contempla, no se baraja, no se entiende, no comment. Antes hay que ajustar los ya existentes. Parece que el buen clima, la fiesta y el fútbol nos hacen un país muy lejos de la ínsula de la soledad. Los datos nos escupen en la cara. En España, más de cuatro millones y medio de personas se sienten solas de manera habitual, estamos hablando de casi un 10% de la población. 1 de cada 10 habitantes. Poco se hace para paliar este problema. Hay ciudadanos que no suelen hablar con nadie en más de un mes. Lo dice el informe Jo Cox anteriormente mencionado. Hay personas que hablan durante un mes, pero a través de wasaps mientras ven el rostro del interlocutor en el marquito de plata que está encima del televisor.

Hallan el cadáver de un anciano que llevaba muerto una semana en su casa en Valencia. 12 de enero. Hallan en su casa del Centro Histórico de Teruel a una mujer de 79 años que llevaba 3 meses fallecida. 29 de abril de 2017. Encuentran el cuerpo de un anciano que llevaba dos semanas muerto en su casa 2018. 12 julio 2018. Acuden a desahuciarle y descubren que llevaba cuatro años muerto en su casa de San Blas de Madrid. 23 de noviembre de 2017.Hallan el cuerpo de una anciana que llevaba más de diez días fallecida en su casa de La Antigua. 16 de enero de 2018. Hallan el cadáver momificado de una mujer que llevaba muerta 4 años en el Cabanyal de Valencia. 29 de mayo de 2018.

Desde la sociedad civil el papel del voluntariado es fundamental, ya que acompañan a personas mayores que viven solas, a jóvenes que no están integrados o a personas con diversidad funcional que no pueden salir a la calle, entre otras situaciones. Y es que existen personas, aquí, muy cerquita, en nuestra ciudad, en nuestro pueblo, nuestro vecino, la mujer que vive en frente, que viven en un barrio y se desplazan a otro para que se sientan menos solos, al menos por una hora a la semana. La asociación Acompaña es una de ellas.

En barrios como los que se encuentran al norte de las vías del tren, los vecinos, las asociaciones y las actividades entre los centros de salud conectan a modos de telaraña, a sus habitantes. Los atan con cordeles imaginarios para activar la colaboración y realizar un albarán de sus necesidades. Desde el Centro de Salud se detectan los casos, por las patologías de sus usuarios, por el historial clínico de sus familias, por las confesiones habituales con los respectivos médicos de familia. El Hogar de Mayores de la carretera que une la ciudad con Campo Maior detecta los casos a través de las visitas, en las conversaciones salen los vecinos que andan más solos. La farmacia es la sala de estar del barrio. Allí Sara Llorente y su equipo con Pepe al frente, despachan medicamentos y sonrisas. Las recetas hacen de chivato, colaboran como filtro y alertan de estados de soledad. En ese momento arranca la labor de Acompaña en el barrio.

Matilde vive en el enrevesado puzle de las 800, un espacio donde cada año se le pega una etiqueta encima de la fecha de caducidad. En una de esas modulares casas vive Matilde. Una vivienda humilde, acogedora y muy limpia.

El destino de las vidas de sus hijos le obliga a tener a unos cuantos kilómetros de distancia los abrazos de los suyos. Cada vez que pueden le ayudan a sentirse menos sola.

Matilde mira, desde el vidrio de sus ojos, y se detiene fija en la fotos de sus nietos, ahí hace tiempo que el tiempo se detuvo. Le preguntamos por su edad y nos remite a su carnet, no lo sabe, o quizá no le importe, su diario ya está colgado en las paredes para rememorar su pasado. La voluntaria de Acompaña conoce su vida, con ella conversa cada semana, el café ayuda a darle vueltas al sorbo de cada historia. El boca a boca funciona para esta asociación, y Petra, otra señora del barrio que recibe las visitas de Acompaña fue su última publicista natural. Ella es quien le fastidia la siesta y la novela. A las 15:30, puntual, casi todos los días de la semana para tomar café y pasar la tarde un rato juntas.

Nos dice que nació en medio de una guerra mala que hubo y que ahora espera nueve bisnietos. Mientras que nos habla de su marido nos enseña orgullosa el patio, su cocina desde donde elabora platos a pesar de tener las piernas muy tocadas por la marcha incesante de la edad. Ese hueco al aire de la casa, donde un ficus enorme protege las paredes, supone para Matilde una enorme sonrisa. Con ella nos despide. Hoy ha estado menos sola.

 

Con otra sonrisa, algo burlona, nos recibe Petra. Una caída le ha provocado un moratón en la frente, pero coqueta se atusa el pelo ondulado y cano para vernos. El dolor de cabeza y el mal tiempo le obliga a estar protegida en su salita. Una figura de Cristo, una postal de la Soledad y la tele encendida componen el bullicio necesario para sentirse acompañada. Desde Acompaña nos hablan de vidas duras, de luchas desde pequeñas para mantenerse a flote. Los nuevos estilos de vida provocan un aislamiento cada vez más pronunciado en el biopic de las familias, cada vez perciben que, sobre todo personas mayores, se encuentran más solos.

Suena la puerta, y entra casi sin avisar una chica, una mujer que estuvo trabajando en los servicios de limpieza y atención del ayuntamiento. Nos saluda, le da un beso y aunque ya no le toque el turno de la casa de Petra, la viene a visitar, la casa se llena de ruido y gente, los ojos de Petra se iluminan aunque sean por unas horas. Hoy ha estado menos sola.

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Comentar (4):

  1. YAYA

    13 septiembre, 2018 at 18:16

    Me siento orgullosa de que existan personas como vosatras!!! Cuanto bien hacéis con quien os necesita . Sois auténticos ángeles de la guarda!!!!. GRACIAS.

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  2. Sara LLorente Cancho

    14 septiembre, 2018 at 16:40

    Da gusto trabajar en un barrio así.

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  3. Mariado Madrigal de Madariaga

    16 septiembre, 2018 at 09:51

    Soy de Badajoz . Me gustaria informarme sobre cómo ayudar en esta idea tan magnifica

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  4. Miguel

    25 septiembre, 2018 at 22:50

    Me abuela.MATILDE.para mi una gran madre y abuela.te quiere tu nieto.

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